¿Cómo afectará el Big Data en la Política 2.0?

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En la actualidad se están generando unos 2,5 quintillones de bytes diarios en forma de múltiples formatos como texto, imágenes, vídeos, audios, juegos, etc. Correos electrónicos, blogs, redes sociales, aplicaciones, webs, etc. son los canales de creación y generación de esta descomunal cifra de datos.

El flujo que generan estos datos puede ser muy valioso y, bien procesado (y siempre con ética y profesionalidad), puede aportar una información de máxima calidad tanto para la empresa privada como para el sector público. Porque no olvidemos que si algo está permitiendo el análisis de las redes sociales es la superación de extracción de datos meramente sociodemográficos para avanzar al análisis de los hábitos de los usuarios.

Realmente queda mucho camino por andar hacia un modelo en el que los seres humanos estemos identificados de forma mayoritaria en la Red; hay quien prefiere estar en el anonimato, hay quienes no rellenan la información de los perfiles de las redes y es más complicado seguir su rastro digital, etc. Sin embargo hay una tendencia cada vez mayor de creación de perfiles digitales que, por cierto, cada vez buscan más la verticalidad; o lo que es lo mismo, cada vez se busca más el interconectar todas las redes sociales en las que el usuario opera.

En los últimos tiempos hemos descubierto, a veces boquiabiertos, cómo detrás de numerosos comportamientos (compras online, actividad en los social media, lectura de diarios, etc.) se esconde todo un torrente de datos que son una auténtica “mina de oro” para las marcas, Michael Barnett en Marketing Week.

Todo este cúmulo de información se encuentra vasto e impreciso si no se lleva a cabo un análisis y un procesamiento adecuado. Cierto es que el monitoreo de la red permite identificar “quién dice qué”, pero las plataformas Big Data puede utilizar canales de procesamiento superiores que analizan, ordenan, clasifican… toda esa información proveniente de un número extenso de fuentes. Como es lógico, ésta se almacena en la nube y estas plataformas deben ser capaces de ejecutar búsquedas, modificación, intercambio, etc. en tiempos mínimos, a pesar del gran volumen de bytes.

Bien es verdad que queda en el aire el debate de la privacidad en la extracción de datos debido a que los usuarios no dan su reconocimiento expreso para que éstos se utilicen. También es verdad que el que comunica en espacios públicos está expuesto a que esa información sea analizada debido a que son de dominio público. Pero el objetivo de este artículo no es centrarse en este debate.

Volviendo al tema principal, estas plataformas pueden superar el trabajo que se realiza en el monitoreo que se hace habitualmente de las marcas y de las Administraciones Públicas (al menos quienes lo hagan, que no son muchas) y se pueden aprovechar mejor los datos extraídos.

Para que esta técnica sea realmente efectiva los datos deben pasar por tres procesos:

Adquisición: Se trata de extraer los datos que generan las distintas plataformas en la Red (como ya se ha dicho).

Organización: Procesa toda esa información recibida.

Análisis: Para dar sentido al cúmulo de datos.

Hasta ahora este fenómeno está siendo muy explotado por el mundo empresarial, pero para las Administraciones y el sector público puede tener muchísimas aplicaciones y beneficios en el proceso de toma de decisiones.

Paralelamente a todo esto, las Organizaciones que cuentan con plataformas de E-Administración ya tienen un buen elemento para la toma de decisiones en base a la información recabada por dicha herramienta. Y si cuenta, además, con una Plataforma de Gobierno Abierto tendrán más elementos de juicio junto a la gestión de las redes sociales.

Sin embargo, las Administraciones que trabajen con Plataformas Big Data tendrán muchísima más información y elementos con este fin de tomar decisiones debido a que no se trata de una herramienta tan endógena como las anteriores y es un complemento indispensable para las mismas, porque (entre otras cosas) los ciudadanos no hablan de las Administraciones sólo en los canales previstos para ello. Ahora tendrán que hacerse cargo de esta situación sus decisores…

Si todos los procesos son llevados a cabo con eficacia, toda esta información pasará a formar parte del Plan de Comunicación Estratégica que debe trabajar cada Administración. Pero además también habrá que plantearse qué beneficios constituirá a Candidatos y Campañas electorales.

En el caso de los candidatos, estos datos pueden ayudar a reforzar sus liderazgos, conocimiento más profundo de sus rivales, preferencia de los ciudadanos, e incluso se podrán crear discursos “casi a medida” en base a preferencias y hábitos de los ciudadanos. Además, se puede utilizar (como hizo Barack Obama en sus Campañas) para detectar posibles voluntarios y recaudar fondos (fundraising).

Y esta misma utilidad se le puede aplicar a las Campañas electorales. Microsegmentar (como también hizo Obama con otras herramientas), conocer propuestas de ciudadanos que no expresan sus opiniones mediante canales oficiales, tendencias en técnicas de comunicación, preferencias en áreas de los programas electorales… son algunas de las múltiples aplicaciones que se pueden obtener mediante el uso y gestión de toda esa información.

Para ello, no sólo es necesario conocer la técnica y contar con la tecnología adecuada, sino que se hace extremadamente necesario que esa gestión, con la información ya analizada por la Plataforma tecnológica sea procesada por personal especialista y cualificado como politólogos, sociólogos, documentalistas, etc. que ayuden a decodificar esta información para que los decisores la conviertan en decisiones políticas.

 

Luis Rodríguez Vives

Consultor Junior en Soluntia

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